LA GRAN TRIADA

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JOSÉ RUIZ MERCADO*
Ir al teatro o un concierto es una decisión personal tanto como asistir a un partido de fut bol, o abrir una página en la Web. La cultura genera necesidades; conforma sociedades, conductas, status, identidades. Mitos y virtudes. Verdades no tan reales en el imaginario colectivo se convierten en las mentiras deseadas.

La magia de los medios está presente en el gusto por el teatro. Autores, actores, hasta la sutileza de los títulos forman parte de los dictados mediáticos. Las entidades, porque ni siquiera podemos decir estados, en dónde los medios se preocupan, por lo menos a informar de los eventos teatrales, existe una actividad mayor en relación a las entidades en donde, la nota de sociales o la nota roja, impera.

El mito de los medios electrónicos, así como el de las edades, es otra constante ¿Qué ver? Implica una formación sin la cual, por más información a la vuelta de un clic no pasa de tareas escolares. Los cibernautas tienen datos de los clásicos sin conocerlos, opinan de los acontecimientos políticos sin saber de política, del fut-bol, esto sí, en el saber de ello.

Quizá la pregunta ociosa será ¿Por qué el fut-bol es un tema recurrente? Los políticos con mayor popularidad son los que comentan de éste. Suceden los mayores desmanes en los estadios y nada pasa. Jamás se habla del precio de las entradas. No existen los encuentros en plazas públicas por ser espacios inadecuados. Surgen figuras de la patada, programas de televisión y radio con especialistas. Los medios impresos tienen una sección especializada.

En noviembre del 2012 el Instituto Electoral del Estado de México publicó: La política de los medios. Inflación de expectativas y autodescripciónes del sistema, de Juan Wolfgang Cruz Rivero, el número17 de la serie Breviarios de política democrática; con una estructura metodológica adecuada para la recepción y percepción teatral.

El presente texto parte de ésta visión de conjunto. Fut-bol, política, teatro. Todas, con un alto grado de teatralidad; ejercicios sociales entre la parateatralidad y el rito, con un alto grado de religiosidad, desde lo antropológico, desde la sociología, para un análisis de la influencia de los medios en las zonas teatralmente más activas.

Toda religión se caracteriza por contar con símbolos de poder, figuras sublimadas representativas, las cuales tomaran forma al ofrecer una identidad grupal, a partir del rito, con una información cultural fundamentada en conceptos, símbolos abstractos; comunica a partir de un código socio cultural.

La triada (Fut-bol, política, teatro) maneja lo anterior. De entrada podíamos decir de una religión laica con ideologías implícitas. Todos tienen un ritual. Las acciones ritualizadas pueden, en forma gradual, perder la relación con la función para la cual fueron creadas (si bien la cabeza del adversario ya no es la chutada como en los tiempos del medioevo anglosajón, tampoco es la magia del juego de pelota mesoamericano), adoptando nuevas funciones a través del tiempo.

Entre las funciones básicas y más comunes del rito se encuentra la trasmisión de información vital para la supervivencia de la especie (defensa contra enemigos naturales, apareamiento) y para la convivencia entre sus miembros (canalización de la violencia y agresión hacia válvulas inofensivas de escape y creación de lazos entre dos o más individuos).

Estas características, con sus situaciones particulares, son afines a la triada mencionada, con repercusiones sociales diferenciales, pero finalmente parten del hecho ritual a pesar de las trasformaciones sociales.

Juan Wolfgang en el libro antes citado hace un comentario acerca del consumidor mediático ¿Por qué quien no cree en la veracidad de los medios continúa alimentándose de esta información?

Las redes sociales y los programas interactivos tanto de la radio como de la televisión son claves. El público tiene derecho a replica. En la prensa, la sección del lector, ni es inmediata, ni abierta. Se vuelve selectiva. La inmediatez es importante.

Depende de varios factores la decisión en el electorado, nos dice Wolfgang; lo económico, lo religioso, la cuestión moral, lo cultural y lo político, la toma del poder (pero también sucede lo mismo con el espectador ¿En qué va a ocupar su tiempo libre?); es decir, la convergencia de una variedad de consideraciones.

LA PRIMICIA DE LA IDENTIDAD
Varios factores convergen en el gusto por el teatro; los grupos sociales provocan la presencia o la ausencia del hacer escénico. Grupos conformados, desde los hacedores directamente involucrados, los administradores de la cultura, los medios, el público; responsables todos de la efectividad escénica.

Continuo con Wolfgang: la opinión pública tiene la capacidad para influir en la dirección que el Estado marca para la sociedad; en otros términos, la opinión pública es concebida como un intermediario entre la sociedad civil y el Estado, es más: significa los reclamos que formula la sociedad civil(es decir, autoorganizada) al aparato del Estado. (Pág. 39)

La responsabilidad histórica de los hacedores del teatro conlleva la lectura de su tiempo, con esto la inmersión social en la generación del imaginario colectivo, o la repetición inconsciente de las capitales del espectáculo.

En la misma página Juan Wolfgang comenta: El presupuesto histórico-social básico (…) se centra en la figura del individuo que retroalimenta sus proyectos de vida individual y social en el ejercicio de la intersubjetividad. Los proyectos sociales que de aquí emanen son el alimento que funda la sociedad civil, la cual hará el papel de moderno sujeto de la historia mediando –resistiendo, diría Habermas- el acecho de los intereses colonizadores de la composición sistémica del mundo actual. La mediación tendrá que comprenderse como la facultad de decisión de la sociedad civil frente a los programas sistémicos que buscan controlar el mundo.

Las grandes empresas del espectáculo se han caracterizado por la repetición ideológica, en el acecho de los intereses colonizadores del mundo actual, a partir de las grandes producciones de las capitales del espectáculo. Pero si bien, esto no nos debería de extrañar, pero si de preocupar (¿Cuándo se verá la producción de un autor nacional?); el conflicto se da cuando los grupos independientes pretenden, sin el capital necesario, el montaje de esas producciones.

Lo mismo acontece con los grupos de las universidades. Ante la falla de las estrategias de investigación, la Universidad ofrece un status social al cual, algunos sociólogos, entre otros, Pierre Bourdieu, le han llamado capital social.

Un problema verdaderamente serio. Aún más que el de las empresas del espectáculo; estamos hablando de un presupuesto público, por una parte, pero por otra, la de una formación eurocéntrica, positivista, bajo la ideologización del buen gusto. Sin mencionar por supuesto aquello de la licencia como supuesto de conocimiento.

Indiquémoslo de entrada; la información no genera el saber, mucho menos la escalada social, todo viene desde el espacio de la cuna en un devenir histórico de los planos sociales, en una circunstancia psicológica. Los individuos con una claridad en su circunstancia social van a ser desprendidos, participativos; quienes adolecen de ésta, van a ser acumulativos, incluso en el terreno del conocimiento (elemento no necesariamente determinista, el entorno social y la conciencia pueden lograr cambios de conducta), buscarán en sus acciones el capital social, la escalada de la pirámide socio-cultural. Por lo tanto se convertirán en consumidores de los dictados de los intereses colonizadores. Cuando el Estado, ideologizado, responde a dichos mandatos, responderá igual en todas las esferas, incluyendo la administración de la cultura. En ésta circunstancia, tanto los hacedores como el Estado hacen una fabulosa mancuerna.

La dialéctica social se da en la contraparte. En ese otro, en el contestatario, si utilizamos un concepto acuñado en los setenta, en el teatro de frontera, con toda la implicación, un teatro en la retroalimentación de los proyectos de vida individual y colectivo.

Es aquí en dónde entra la magia de los medios como reproductores ideológicos. Decía un amigo que la peor crítica es cuando no se hace; no en la condescencia sino en la ignorancia. No es que hablen bien o mal de tu obra, sino que nadie la comente.

Hablo de los medios en su amplio espectro, incluyendo los universitarios, los centros de investigación con los cuales deberían contar todas, los independientes (organizaciones sociales, revistas, entre otros) en donde su labor pretende difundir la labor de los artistas miembros de la sociedad civil.

Lugar común es el comentario de lo hecho en el Distrito Federal como lo único; en el caso del teatro, hablar de lo nacional como lo hecho en esa región del territorio nacional. Entonces, la producción escénica fuera, será, el teatro de frontera.

Si bien es cierto que la producción teatral en muchas entidades de la República son copias (en muchas ocasiones con resoluciones escénicas idénticas, olvidándose de los derechos de autor) de lo escenificado en el D. F., olvidándose de la producción dramatúrgica regional ; la producción en este renglón, con escenificaciones esporádicas, con direcciones de autor, las propuestas han enriquecido, eso llamado, el otro teatro, reflejo de la necesidad de organización de la sociedad civil.

Es este teatro de frontera, minimizado por los medios, pocas veces merecedor de becas, aquel cuya estructura rompe con lo establecido en todos los aspectos, quien busca la identidad de una región; y en esta experimentación se consolida con un estilo. Una temática específica.

A través de la historia, en ésta búsqueda de la teatralidad, el conflicto ha estado centrado en la evasión y el cuestionamiento a las estructuras sociales. Su público, por lo tanto, no es uno, sino muchos. El fut-bol sólo tiene uno: el de la violencia reprimida.

La democracia, como estructura política, requiere de generar, propiciar espacios de discusión afines a todos los sectores sociales. Las políticas públicas adecuadas son aquellas en donde la participación de la diversidad de los sectores sociales está presente y, no exclusivamente los detentadores del poder; en donde la crítica y el análisis constante se den. El economicismo como parte de las propuestas culturales ha llevado a un populismo en los últimos años, así como a una lightización del “arte”
El teatro tiene aquí una función específica, cuando los sectores administrativos de la cultura no generan los mecanismos necesarios para la realización de los sectores productivos del arte. Los medios, al mimetizar su labor editorial con los agentes políticos, se vuelven cómplices de esa falla en la ausencia de un plan de seguimiento de la cultura. Sólo la sociedad civil puede cerrar esos huecos. Público y ciudadanos del teatro a la búsqueda de otros espacios.

Pero esto no se dará mientras los procesos sociales interfamiliares continúen con los conceptos de acumulación del saber como verdad única, sino a partir de una educación que nos permita entender al otro en la diversidad. Vicente Peña Palominos, en su estudio acerca de la acción comunicativa en la teoría de Habermas, nos dice: Se educa y socializa en las ciencias, en sus hallazgos y metodologías que imprimen la dinámica social moderna: tecnológica mediática y sobre la necesidad de lograr acuerdos y aceptar los desacuerdos para poder realizar un verdadero proceso de vida social. Aquí, el sujeto entiende que no bastan las razones y motivos para lograr una comunicación racional sino la identidad y la otredad. O sea, comprende que no siempre con los argumentos se logra convencer a alguien, no siempre se logran consensos, sino que en la mayoría de los casos el argumento traerá personas que se adhieran y otras que lo rechazan.

La educación y socialización mediante la acción comunicativa, permeará la comprensión en términos de reconocimiento al consenso y al disenso. En qué somos parecidos a otros y en qué nos diferenciamos.

En ésta conciencia del lenguaje, el actor lleva a cabo su función; al analizar los contenidos de la obra, bajo una estricta metodización, descubre otras estructuras sociales diferentes a las propias, con esto construye el universo de quien jamás se imaginó. El principio de la otredad debe de estar presente como parte de la ética del trabajo actoral. De lo contrario será un trabajo falseado. La comunicación rota, al no aceptar los desacuerdos hacia un proceso vital del personaje.

La labor del actor jamás podrá ser el engaño, sino la de buscar en la diversidad su propuesta creadora. La del futbolista la técnica exacta para vencer al contrario. Cuando la educación del actor se fundamenta en la técnica para quedar en el mismo renglón del futbolista sólo espera la foto del aplauso con sus respectivos cinco segundos de gloria; La función del político debiera ser la misma del actor, sin embargo, al buscar el poder se queda en la competividad, para estancarse en la del sumo sacerdote con la verdad suprema ante la sumisión institucional.

* JOSÉ RUIZ MERCADO: Dramaturgo, Narrador. Su obra más reciente fue publicada en Canarias, en la antología de narrativa México/ Canarias: Entre el Ahuehuetl y el Drago.

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